Economía Política

Cambio de Dirección

Escrito por evaristo-hernandez 20-06-2007 en General. Comentarios (1)

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http://economia--politica.blogspot.com/

 

Por favor tome nota de que la separación de las palabras economia y politica se realiza con DOS GUIONES MEDIOS. En la dirección electrónica las palabras aparecen sin acentos porque el servidor no acepta estos signos.

Biografía Suscinta

Escrito por evaristo-hernandez 10-06-2007 en General. Comentarios (0)

Destaca en esta nota biográfica la formación filosófica de Marshall. La reproducimos para puntualizar este aspecto.

 

http://es.wikipedia.org/wiki/Alfred_Marshall

 

Alfred Marshall (* 26 de julio de 1842 - † 13 de julio de 1924), fue un economista británico nacido en Wandsworth.

 

Estudió en el Saint John's College de la Universidad de Cambridge. Su interés por la filosofía le llevó a tomar lecciones de ética. Tras obtener una beca especial para estudiar ciencias morales en 1868, se matriculó en Economía política, ciencia a la que posteriormente él mismo denominó Economía. En 1875, viajó a Estados Unidos para estudiar los efectos de los aranceles en una economía joven. Al volver a Inglaterra fue director del University College de Bristol, cargo del que dimitió en 1881. Después estuvo un año en Italia y volvió a Bristol en 1882 como catedrático; en 1883 se trasladó al Balliol College de la Universidad de Oxford. De 1885 a 1908 dio clases de Economía política en Cambridge. Convirtió Cambridge en la principal facultad de economía de los países de habla inglesa, y tuvo como discípulos a importantes economistas, como Pigou o Keynes.

Su labor docente se basaba en las teorías de Ricardo y Stuart Mill complementadas con las aportaciones del marginalismo, especialmente de Karl Menger y Léon Walras, conciliando las teorías ricardianas con las de la escuela austriaca. De espíritu abierto, con una sólida formación matemática, histórica y filosófica, introdujo en sus enseñanzas las críticas a la Escuela Clásica inglesa (principalmente, Smith, Ricardo, Malthus y Stuart Mill) procedentes del historicismo alemán y del socialismo, así como también de la escuela marginalista.

El resultado de sus esfuerzos fue la denominada «síntesis neoclásica», base de la teoría económica moderna. En 1890 publicó su obra capital, Principios de economía, que durante muchos años fue el principal libro de texto en las facultades de todo el mundo. En el primer volumen de la obra compaginó conceptos de la economía clásica como riqueza, producción, trabajo, capital o valor con aportaciones de la escuela marginalista como utilidad y utilidad marginal. A los agentes de la producción (tierra, trabajo, capital) añadió un nuevo factor, el de la organización industrial.

En el segundo volumen realizó una exposición del funcionamiento de los mercados, un análisis de la oferta y la demanda y expuso su teoría del equilibrio general, de la formación de la oferta, la incidencia de los monopolios y la distribución de la riqueza nacional. Los problemas más destacados que analizó fueron el de la formación de los precios y la distribución de la renta.

En el primer caso estableció como determinantes del valor de un bien tanto el coste de producción como la utilidad. A partir del valor del bien, la formación de los precios vendría dada por la confluencia de la oferta y la demanda; la primera, determinada por los costes de producción, y la segunda, por la utilidad marginal. También estableció una relación entre precio y cantidad demandada cuya sintaxis gráfica (curvas de oferta y de demanda) sigue vigente hoy día.


Marshall fue el economista británico más destacado de su época. También fue un profesor sobresaliente y ejerció una gran influencia sobre los economistas de aquella época. Su mayor contribución a la Economía fue su sistematización de las teorías económicas clásicas y el desarrollo del concepto de utilidad marginal. Subrayó la importancia del análisis minucioso y la necesidad de adecuar las teorías a los nuevos acontecimientos. Entre sus obras destacan: Principios de Economía (1890) e Industria y comercio (1919).

Ché Guevara: Sobre la Banca

Escrito por evaristo-hernandez 10-06-2007 en General. Comentarios (0)

A pesar de la cada vez más amplia difusión del pensamiento económico de Ché Guevara, su impacto en el desarrollo del pensamiento de la Economía Política como Ciencia, está a nuestro juicio insuficientemente valorado. Ché Guevara, es uno de los grandes economistas que deja proposiciones sobre la Teoría del Valor Trabajo en la construcción del Socialismo y del Comunismo y sobre el carácter histórico de categorías mercantiles como la banca y el crédito. Del nivel de profundidad con que Ché Guevara trató estos problemas dá cuenta este artículo.

 

http://cheguevara.cubasi.cu/Content.aspx?menu_activo=3&estado=3&id=142

 

La banca, el crédito, y el socialismo.

Ernesto Ché Guevara

 

Publicado en la revista Cuba Socialista en marzo de 1964.

En el número anterior de esta revista, apareció un artículo del compañero Marcelo Fernández, presidente del Banco Nacional, en el que analiza las funciones del banco, haciendo un pequeño recuento histórico y un juicio crítico sobre los sistemas de financiamiento utilizados en Cuba. Este artículo coincide con algunas apariciones públicas de dirigentes de ese organismo y otros escritos, donde se fija la posición del banco en forma precisa. Como no estamos de acuerdo con algunas de las funciones apuntadas como propias del banco, en el período de transición, y menos en su enjuiciamiento del sistema presupuestario de financiamiento, consideramos que no debemos dejar sin respuestas las afirmaciones del presidente de dicho organismo, fijando nuestra posición al respecto.

Sobre el papel de los bancos en la aparición de los billetes de banco, dice Marcelo Fernández:

El rápido desarrollo de las relaciones comerciales y la escasez de

Sobre las funciones económicas de la banca socialista, Marcelo Fernández enumera siete. De éstas, las que están expresadas en el punto 1) regulación de la circulación monetaria, y en el 2) centros de ajustes y pagos del país, no ofrecen contradicción fundamental con nuestra manera de pensar, salvo, quizás, en cuanto al grado de autonomía respecto a la máxima autoridad financiera, que es el Ministerio de Hacienda y en relación con la deuda sobre la real posibilidad de "regulación" que tiene el banco con respecto a la circulación monetaria. Sin embargo no creemos sea el momento de profundizar este análisis.

En cuanto al punto 3) Concesión de Créditos, el artículo de referencia dice:

"El crédito es una función típica bancaria, que no desaparece durante la construcción del socialismo, sino que constituye un instrumento flexible que ayuda al desarrollo proporcional y armónico de la economía y al cumplimiento de los planes."

Sin entrar a exponer el origen del sistema crediticio bancario como una manifestación contra la usura, trascribiremos, sin embargo, algunos párrafos de Marx al respecto:

"No debe olvidarse, sin embargo, que en primer lugar, el dinero -en forma de

Sin contar con que el banco fuera del estado, no tiene NADA, con mayúscula, a pesar de la ficción jurídica de la ley que se le asigna un patrimonio.

En cuanto a la disciplina financiera, se dice de las empresas presupuestarias que "Algunas de estas empresas no parecen estimuladas a cobrar sus mercancías y servicios , por cuanto tienen sus gastos cubiertos y para ellas solo representa dejar de aportar al presupuesto". Esta es una expresión tan carente de fundamento que sólo sería comparable con otra que dijera que el mismo efecto produciría una empresa autofinanciada, ya que para ella sólo representaría dejar de pagar un préstamo bancario, un aporte al presupuesto o impuestos retenidos, lo cual, incidentalmente, no ha constituido ninguna excepción.

Después de una exposición detallada, de acuerdo con los libros del banco, de los incumplimientos de la ley 1007 por las empresas presupuestarias, el artículo hace la siguiente afirmación:

Puede argumentarse que las empresas de autonomía económica también cometen estas infracciones, incluso debemos señalar que desde que se implantó la ley 1007, las empresas del INRA (Instituto Nacional de la Reforma Agraria) han mantenido un penoso primer lugar en cuanto al número y valos de las fracciones. Pero a ello habría que responder que las empresas del INRA nunca han operado realmente como empresas de autonomía económica."

Ante semejante afirmación, que no responde a la seriedad de un artículo de esta naturaleza, cabría hacerse las siguientes preguntas:

¿Por qué el INRA nunca ha operado realmente dentro de ese sistema?

¿Es que los demás organismos han tratado de impedirlo?

¿Es que no se le ha brindado toda la cooperación por parte de hacienda y el banco?

¿Es que la enseñanza y divulgación de este sistema en todos los cursos y en todos los niveles no ha sido suficiente?

¿Es que los buenos deseos del banco, plasmados en una ley, los que nominalmente producen el resultado?

O, ¿será que la medida primera es la organización del aparato administrativo y que sin ella no se puede aspirar a ningún resultado concreto?

Hace tiempo que los defensores de la autogestión se defienden con argumentos como este: es hora ya de que pongan a marchar el sistema y lo analicen correctamente; la polémica sobre estos tópicos es siempre útil, pero si seguimos enfrascados en ella sin avanzar prácticamente, corremos el peligro de resolver la incógnita de saber de sí son galgos o podencos demasiado tarde.

Resumiendo:

a) El artículo analizado plantea en forma de divulgación, pero con escasa profundidad teórica, la génesis de los bancos. De allí surgen las equivocaciones que sobre el papel a jugar por este organismo en la construcción de la nueva sociedad tienen sus dirigentes.

b) Las frases de Lenin citadas por Marcelo Fernández no indican un aspecto objetivo del problema: el papel de los bancos en la etapa monopolista, pero de ninguna manera establece claramente su papel en la siguiente etapa.

c) El autor olvida que los bancos monopolistas son los aparatos financieros de los superestados y, por lo tanto, no pasa a analizar el nuevo papel de esos aparatos cuando el estado, con su aparato financiero propio, los engloba a todos; pretende que el banco siga manteniendo una posición hegemónica en la economía, independientemente de los cambios económicos -sociales.

d) El autor olvida la advertencia de Marx sobre el carácter del sistema de crédito, lo que lleva a formulaciones mecánicas en cuanto a su función.

e) Marcelo Fernández, al insistir en el control de las inversiones, pierde de vista la función que cumple el banco monopolista al ejercer el mismo, desconociendo los cambios ocurridos y a ocurrir durante el período de transición.

f) Marcelo Fernández no ha profundizado suficientemente en el estudio de las bases del sistema presupuestario de financiamiento, por lo que sus razonamientos pecan de poco consistentes en este aspecto del análisis.

g) Tal parece que el banco, dueño de un capital propio, por obra y gracia de la divina providencia, tiene sanas intenciones de ayudar al estado a resolver sus problemas mediante una correcta aplicación de las leyes financieras, bajo su sabia dirección. Desgraciadamente, hay personajes testarudos que se niegan a reconocer esta tutela, provocando el desconcierto financiero y la inflación, por no pedirle un crédito en "condiciones ventajosas".

h) Todo el artículo demuestra que los compañeros del banco usan los conceptos económicos aquí tratados en la forma fetichista de la economía clásica y aún de la economía vulgar; y para ellos vale -con todo respeto y sólo con el ánimo de que esta polémica nos obligue a solicitar consecuentemente el consejo de los clásicos del marxismo-estas palabras de Marx con que apostrofa a los adoradores de la forma:

En la fórmula tripartita de capital- ganancia -o, mejor aún, capital-interés- tierra -renta del suelo y trabajo-salario, en esta tricotomía económica considerada como la concatenación de las diversas partes integrantes del valor y de las riquezas en general con sus fuentes respectivas, se consuma la mistificación del régimen de producción capitalista, la materialización de las relaciones sociales, el entrelazamiento directo de las relaciones materiales con sus condiciones históricas: el mundo encantado, invertido y puesto de cabeza en que Monsieur le Capital y Madame la Terre aparecen como personajes sociales, a la par que llevan a cabo sus brujerías directamente, como simples cosas materiales. El gran mérito de la economía clásica consiste precisamente en haber disipado esta farsa apariencia y este engaño, esta sustantivación y cristalización de los distintos elementos sociales de la riqueza entre sí, esta personificación de las cosas y esta materialización de las relaciones de producción, esta religión de la vida diaria, reduciendo el interés a una parte de la ganancia y la renta del suelo al remanente sobre la ganancia media , con lo cual ambos venían a confluir la plusvalía; exponiendo el proceso de circulación como simple metamorfosis de las formas y, finalmente, reduciendo, en el proceso directo de producción, el valor y la plusvalía de las mercancías al trabajo. Esto no obsta para que los mejores portavoces de la economía clásica, como necesariamente tenía que ser desde el punto de vista burgués, sigan en mayor o menor medida cautivos del mundo de apariencia críticamente destruidos por ellos e incurran todos en ellos, en mayor o menor grado, en inconsecuencias, soluciones a media y contradicciones no resueltas. Y por el contrario, es también igualmente natural, de otra parte, que los agentes reales de la producción se sientan realmente a gusto, como en su casa, dentro de estas formas enajenadas e irracionales de capital-interés, tierra -renta del suelo y trabajo salario, pues son precisamente las formas de la apariencia en que ellos se mueven y con la que conviven diariamente. Por eso es también perfectamente lógico que la economía vulgar, que no es sino una traducción didáctica, más o menos doctrinal, de las ideas cotidianas que abrigan los agentes reales de la producción, y que pone en ellas un cierto orden inteligible, vea en esta trinidad en que aparece descoyuntada toda la concatenación interna, la base natural y sustraída a toda duda de su jactanciosa superficialidad. Esta formula responde, además, al interés de las clases dominantes, pues proclama y eleva a dogma la necesidad natural y la eterna legitimidad de sus fuentes de "ingresos".(12)


(1) Carlos Marx:El Capital, La Habana, Editorial Nacional de Cuba, 1962, t. I, pp.93-94.

(2) V. I. Lenin: El imperialismo, fase superior del capitalismo. En Obras Escogidas, Moscú, Ediciones en Lenguas Extranjeras, 1960, t.I, pp. 751.

(3)Si los tártaros invadiesen hoy Europa, resultaría difícil hacerles comprender lo que es entre nosotros un financiero. Montesquieu: Esprit des lois, t. IV, p.33, Londres, 1767. Nota de Marx. El Capital (tomo I, p692-693, E. Nacional de Cuba, 1962).

(4) El subrayado es del Comandante Guevara.

(5) C. Marx: Misère de la Philosophie, Bruselas y París, 1847. Contribución a la crítica de la economía política, p.64.

(6) El Capital, Tomo III, Editorial Nacional de Cuba, 1963.

(7) ob. cit., p.411. En el original aparece la siguiente referencia bibliográfica: El Capital, Tomo III, p.373.

(8) J. Stalin: Cuestiones del leninismo., p.434, Ediciones en Lenguas Extranjeras, Moscú, 1941.

(9) Nuestra Industria Económica, No. 5, p. 7 y 8.

(10) Nuestra Industria Económica, No. 1, Año 1963.

(11) El Capital, Tomo II, p. 356, Editorial Nacional de Cuba, 1962.

(12) El Capital, Tomo.III, pp. 768-769, Editorial Nacional de Cuba, 1963. (Véase edición del Siglo XXI, t.III, vol. 8, pp. 1056-1057.)

Fuente: Revista Cuba Socialista, N° 31, marzo de 1964

 

Sobre el dinero

Escrito por evaristo-hernandez 10-06-2007 en General. Comentarios (0)

Este trabajo podría llamarse con propiedad "sobre el dinero". Su autor Alfred Marshall desarrolla la lógica de los teóricos de la utilidad y refleja en el razonamiento que la Economía es una ciencia que tiene más relación con la Sociología, la Historia, la Filosofía que con la Matemática. Y esto dicho por un marginalista como Marshall y a quien se reputa como uno de los constructores de la "Economía Matemática".

 

 

Alfred Marshall

Cap. IV, del Libro 1, de la obra Money Credit and Commerce, Londres, 1923.

 

1. Funciones del dinero

 

El dinero, o moneda corriente, se desea como un medio para lograr un fin; sin embargo, en este caso no es de aplicación la regla general de que cuanto mayores sean los medios de que se dispongan para cumplir un fin determinado mejor se logrará éste. Puede, pues, compararse al aceite necesario para que una máquina funcione fácilmente. Una máquina no puede funcionar a menos que se engrase, de lo que un novicio pudiera inferir que cuanto más aceite ponga mejor funcionará, pero, en realidad, si se pone más aceite del necesario la máquina quedará obstruida. De la misma manera, un aumento excesivo de dinero disminuye el crédito de éste, e incluso puede hacerlo dejar de circular.

A primera vista puede parecer que esta analogía es algo artificiosa. Pero debemos tener en cuenta lo siguiente:

  1. El dinero no se desea por sí mismo, sino porque su posesión proporciona una disponibilidad inmediata de poder adquisitivo general en forma adecuada. Un billete de ferrocarril se desea por la utilidad del viaje a que da derecho. Si las compañías de ferrocarril ajustan sus billetes a la longitud de los trayectos respectivos, un billete que proporcione un viaje largo es más deseable que el que sólo da derecho a uno corto; y en el caso de que las longitudes de todos los viajes se duplicaran, este aumento de longitudes ocasionaría únicamente una perturbación muy pequeña. De igual manera, un aumento en el volumen de dinero de un país, permaneciendo iguales los demás factores, rebajará proporcionalmente el valor de cada unidad. De hecho, si existe el peligro de que dicho aumento se repita, el valor de cada unidad puede descender en mayor proporción que el aumento ya verificado.

  2. Así como el billete de ferrocarril se valora de acuerdo con la longitud del viaje a que da derecho, así el dinero se valora según la cantidad de poder adquisitivo inmediato que proporcione. Si una ampliación de las ventajas así obtenidas pudiera adquirirse sin esfuerzo, todos podrían conservar una mayor cantidad de poder adquisitivo a mano en forma de dinero. Pero el dinero que se conserva de esta manera no produce ingresos; por tanto, todos (más o menos automática o instintivamente) pesan los beneficios que podrían obtener aumentando la cantidad de dinero que guardan en efectivo con los que lograrían invirtiendo alguna parte de la misma, bien en la adquisición de una cosa cualquiera -un abrigo o un piano, por ejemplo- de la que pudieran obtener algún beneficio, bien montando o participando en un negocio, o comprando un valor cotizable en bolsa que pueda proporcionarles un ingreso en dinero. Así se impide que el valor total del circulante que una nación tiene caiga muy por abajo, o suba muy por encima, de la cantidad de poder adquisitivo disponible que sus miembros desean tener en efectivo. y si entonces el descubrimiento de nuevas minas, o cualquier otra causa, aumenta considerablemente el acervo de dinero, el valor de éste desciende hasta que la caída determina que la adquisición de crecientes cantidades de oro deje de ser provechosa. Esto es, el valor de una moneda de oro, acuñada libremente, tiende a ligarse bastante estrechamente al coste de adquisición del oro que contiene.

Lo que un país desea no es determinada cantidad de dinero metálico (o de otra naturaleza), sino una cantidad de él que tenga un poder adquisitivo determinado. Sus existencias de oro en todo tiempo tienden a ser iguales a la cantidad que (a dicho valor) sea equivalente al poder adquisitivo que los individuos deseen conservar en forma de oro -bien en su propio poder, bien en el de los bancos- en unión de la cantidad que la industria del país quiera absorber a dicho valor.

Si el país tiene minas de oro propias, el monto de su existencia oro se regulará por el coste de producción, sujeto a la influencia indirecta de las alteraciones de la demanda de exportación, etc. Si no tiene minas de oro, su acervo tenderá a ser tal que pueda absorberlo más o menos a la tasa de coste al que pueda fabricar y exportar mercancías que los países productores de oro acepten a cambio del metal. La forma que adopta este proceso la estudiaremos más tarde.

Si sus depósitos de oro están fijados por la propia naturaleza, si el oro se utiliza únicamente para la acuñación de moneda, y todos los demás medios de cambio son en efecto pedidos por cierta cantidad de oro, entonces el valor total de este oro sería siempre el mismo, cualquiera que fuera su cantidad. Pero el oro pasa generalmente de un país a otro con plena libertad, y, por consiguiente, la existencia que cada país tiene del mismo se ajusta a la demanda que exista para acuñación o para otros usos.

El poder adquisitivo del oro dentro de cada territorio debe estar en tal relación respecto a su poder adquisitivo en los demás países, que ni sus exportadores ni sus importadores encuentren una ventaja considerable en sustituir el oro, en gran escala, por otros productos. Por tanto, las reservas de oro nunca difieren mucho, durante un tiempo considerable, de las cantidades necesarias para conservar el nivel general de precios en armonía con el de otros países, teniendo en cuenta, cuando esto sea preciso, el coste de transporte y los impuestos de aduana.

Desde luego, la demanda total de cada metal precioso está constituida por la demanda para su uso como moneda y por la demanda para usos industriales y personales. Estos incluyen los servicios de mesa de plata y plateados, los artículos de oro como los relojes y cadenas, el dorado de marcos de retratos y cuadros, etcétera. Cada una de estas demandas tiene su propia ley de variación. Cuanto más difícil sea la obtención de la plata, menos uso se hará de ella en cada país, pero su poder de facultar a una persona para hacer compras considerables con ella se aumentará con el alza de su valor. Muchas personas suelen llevar consigo, y conservar en sus casas, un peso mayor de moneda de plata que de cobre porque muchas de sus necesidades no pueden ser satisfechas con el gasto de unas cuantas monedas de esta última clase. (1)

2) En tiempos anteriores solía afirmarse que el valor del oro y de la plata era "artificial". Pero, de hecho, este valor está regulado, en cuanto a su oferta, por el coste de su obtención, y en cuanto a su demanda, por la necesidad de las gentes de poseer poder adquisitivo disponible basado en el oro y en la plata, junto con la demanda de estos metales para fines industriales y personales.

La observación de que el valor de una moneda se eleva con frecuencia sobre el del metal que contiene, induce a pensar que el valor del dinero es, realmente, un valor "artificial"; es decir, debido a un convencionalismo, a una costumbre, o a cualquier otro esfuerzo imaginativo. Pasaron muchos siglos antes de que se prestara atención al fenómeno de que el valor de cada unidad monetaria de un volumen dado podía depender de la cantidad de funciones que la moneda debía desempeñar. Pero algo progresó el pensamiento humano en esta dirección, cuando, con alguna frecuencia, la irregularidad de la oferta natural de metales preciosos, o la negligencia excepcional de aquellos que eran los encargados de cuidar de la calidad de la moneda, provocaban, o amenazaban con provocar, grandes cambios en los precios en general. Las discusiones respecto al valor del dinero fueron muy vehementes -aunque desprovistas de buena información- en Inglaterra, cuando Enrique VIII envileció la moneda; igualmente, cuando las minas del Nuevo Mundo enviaron los primeros cargamentos importantes a Europa; y de nuevo alcanzaron gran actualidad en el siglo XVIII, cuando el comercio pedía un sistema de acuñación más exacto que los anteriores y cuando el pensamiento económico comenzaba a ser más sereno y más sólido.

Al fin se vio que las condiciones del país regían en todo momento la cantidad de poder adquisitivo disponible que era preciso en tal instante para el debido funcionamiento de la actividad económica. En una palabra, las condiciones generales del país imponen un determinado número de funciones a su moneda. Por consiguiente, cuanto mayor sea la cantidad de dinero, menor número de funciones tendrá que desempeñar cada parte de la cantidad total, y, por tanto, será menor la demanda efectiva de cada pieza acuñada y menor el valor de éstas. El paso próximo a realizar era tener también en cuenta la medida en que las funciones del dinero en sí mismo podían ser facilitadas por la ayuda del crédito. (2)

No obstante, hasta principios del siglo XIX no se emprendió en serio el estudio de las causas que regían el valor del dinero. El pensamiento humano había estado hasta entonces muy preocupado con averiguar las bases económicas de la seguridad política y las del bienestar general. Al fin, la perturbación violenta del crédito público y de los precios, causada por los destrozos y las perturbaciones de las guerras napoleónicas, determinó que un grupo de hombres de estudio y de hombres de negocios, capacitados y bien enterados, comenzaran a investigar de nuevo el problema, dejando ya poco trabajo a sus sucesores en cuanto se refiere a sus líneas fundamentales. (3)

Ricardo fue uno de los pensadores más influyentes y redactó sobre este tema su famoso informe sobre los metales preciosos (Bullion Report) en 1810. En él declara que "el dinero efectivo de un país depende de la velocidad de su circulación y del número de operaciones que realiza en un momento dado, tanto como de la cantidad acuñada; toda circunstancia que muestre una tendencia a apresurar o a retrasar el ritmo de la circulación hace que la misma cantidad de dinero sea más o menos adecuada para satisfacer las necesidades del comercio. Se requiere menor cantidad de dinero cuando el crédito público consigue un alto nivel de estimación que cuando la alarma obliga a los individuos a retirar sus anticipos y protegerse contra el peligro atesorando su dinero; y en un período de seguridad comercial y confianza privada que cuando la desconfianza origina el aplazamiento de toda operación monetaria hasta que vengan mejores tiempos. Pero, sobre todo, la misma cantidad de dinero será más o menos adecuada en relación a la habilidad que las grandes entidades prestamistas muestren en la administración y economía del medio circulante. . . El progreso que ha habido últimamente en este país, singularmente en el distrito de Londres, en relación con el empleo y economía del dinero entre los banqueros, y en la manera de concertarse los pagos comerciales. . . consiste principalmente en la utilización creciente de giros bancarios para los pagos generales en Londres; el artificio de reunir a diario todos los títulos bancarios en un local común donde son compensados unos con otros; la intervención de los agentes de letras comerciales; y algunas otras novedades en las' prácticas de los banqueros de Londres, han tenido el mismo efecto de hacer innecesaria para ellos la conservación de los grandes depósitos de dinero que antes estaban obligados aguardar". Esta concisa explicación sigue siendo exacta.

Sabemos que las existencias de oro y de plata del mundo occidental han aumentado rápidamente durante las últimas décadas, aunque no poseemos estadísticas definitivas al respecto. Pero parece ser que la producción anual de plata casi se ha decuplicado desde la mitad del siglo XIX.

El acervo de oro también se ha decuplicado entre 1840 y 1855, pero su aumento ha sido más lento durante los cuarenta años siguientes; últimamente ha vuelto a ser rápido. (4)

Mientras tanto, el uso del oro en la orfebrería ha aumentado mucho; y la parte considerable del mismo que se emplea en dorar queda inutilizada para nuevos empleos. Es posible, no obstante, que en el curso de algunos pocos siglos las existencias de oro lleguen a ser pequeñas y que su poder adquisitivo esté expuesto a grandes cambios debidos a pequeñas causas. En tal caso surgirán fuertes argumentos en pro de basar todos los pagos a largo plazo en unidades de medida de poder adquisitivo general que gocen de evidente autoridad.

En Inglaterra, una compra importante se realiza, generalmente, no por la transferencia de dinero, sino por la de un cheque (u otro documento) que proporciona un título sobre dinero. Por esta razón la demanda de dinero en Inglaterra no es típica de las condiciones generales, ni siquiera en el mundo occidental; pero, por ahora, hagamos caso omiso de la influencia que en los precios ejercen los cheques y otros documentos privados; más tarde se dirá algo al respecto.

3) El valor total de la circulación de un país, multiplicado por el número medio de veces que cambia de manos con fines comerciales en un año, es, evidentemente, igual a la cantidad total que importan las transacciones realizadas en dicho país por pagos directos en dinero en el citado año. Pero esta misma definición no indica las causas que gobiernan la rapidez de circulación del dinero; para descubrir éstas debemos considerar las cantidades de poder adquisitivo que los ciudadanos de tal país deciden conservar en forma de dinero

Los hechos fundamentales son: 1) cada cambio en la rapidez de circulación de las mercancías tiende a originar un cambio correspondiente en la rapidez de circulación del dinero y de los sucedáneos de éste, y, 2), el principal de estos sucedáneos son los cheques y, en algunos casos, las letras de cambio. Pero los motivos que gobiernan la velocidad de circulación del dinero no son evidentes; consideremos, pues, cuáles pueden ser.

Aparecerá, al tratar de averiguarlos, que los cambios en la velocidad de circulación del dinero están ligados a los cambios en la cantidad de poder adquisitivo disponible que los ciudadanos de un país encuentran conveniente conservar en su propia posesión. Esta cantidad está gobernada por causas diversas, siendo fácil de comprender la principal de ellas. Es bien cierto que, relativamente, pocas personas analizan los motivos que les impulsan a obrar en tales materias, pero se advierten sugerencias implícitas de tales motivos en observaciones tales como: "he guardado una cantidad de dinero mayor de la que realmente necesito; podía haber usado parte de ella en comprar artículos de uso personal o en alguna inversión". Se producen reflexiones opuestas cuando una persona ha gastado o ha invertido casi todo el dinero que tiene a su disposición y no puede, por tanto, aprovechar una buena oportunidad cuando ésta se le presenta. O puede estar obligado a comprar a los comerciantes al por menor, que le cargan un precio alto y le surten géneros de inferior calidad, aprovechando la ventaja de conocer que no puede protestar, ya que en este caso le pueden perjudicar exigiéndole un pago inmediato. El consumidor puede, desde luego, vencer la dificultad obteniendo crédito de un banco, pero no siempre es posible utilizar este recurso. (5)

Esta exposición general indica la naturaleza general de la demanda de un país de poder adquisitivo disponible en forma de dinero; o, por lo menos, de disponibilidad inmediata de dinero, tal como se deriva de conservar una considerable suma de él en cuenta corriente en un banco.

Para precisar más este concepto, supongamos que los habitantes de un país, juntos unos con otros (e incluyendo, por tanto, todas las variedades de carácter y profesión) estiman que les vale la pena conservar en su poder, por término medio, un poder adquisitivo disponible equivalente al décimo de su ingreso anual, más la quinceava parte del valor de sus propiedades; entonces, el valor total de la moneda del país tenderá a ser igual a la suma de dichas cantidades. Supongamos que la suma de sus ingresos puede cifrarse en cinco millones de arrobas de trigo (en un año normal) y la de sus propiedades en veinticinco millones de la misma unidad. En este caso el valor total del dinero sería un millón de arrobas de trigo, porque, a dichos tipos, cada uno podría tener tanto poder adquisitivo disponible a su disposición como desee, después de compensar, unas con otras, las ventajas de una mayor disponibilidad inmediata y las desventajas de colocar una gran parte de sus recursos en forma que no pueda producirle ingreso directo ni otros beneficios. Si en dicha ocasión el total de dinero contiene un millón de unidades, cada una equivaldrá a una arroba; si contiene dos millones de unidades cada una equivaldrá a media arroba; etc.

Así, la posición es ésta: en cada estado de desarrollo de la sociedad hay una parte de su ingreso que los individuos estiman conveniente conservar en forma monetaria y que puede ser un quinto, un décimo o un vigésimo. Una mayor disponibilidad de recursos en forma de dinero les proporciona mayor facilidad y comodidad en sus negocios y les coloca en situación ventajosa para sus tratos, pero, por otra parte, les inutiliza recursos que pueden producirles un beneficio compensador si los emplean, por ejemplo, en adquirir un mayor número de muebles o artículos mejores, o un ingreso monetario si los invierten en nueva maquinaria o más ganado. En un estado primitivo de la sociedad, incluso en alguno tan avanzado como el de la India, sólo los ricos se preocupan de conservar una parte de sus recursos en efectivo. En Inglaterra, excepto los muy pobres, todos conservan una buena parte -la clase media inferior guarda una cantidad relativamente muy grande- en tanto que los muy ricos, que pagan todas sus compras por medio de cheques, guardan relativamente una muy pequeña. Pero, sea cual fuera el estado de desarrollo de una sociedad, existe un cierto volumen de recursos que las personas de todas las clases sociales, unas con otras, se cuidan de conservar en efectivo, y, en el caso de que todos los demás factores permanezcan iguales, existe tal relación directa entre la cantidad de dinero y el nivel de precios que, si una aumenta en un diez por ciento, el otro se eleva el mismo diez por ciento. Evidentemente, cuanto menor sea la proporción de sus recursos que los individuos guarden en efectivo más baja será la suma total de dinero, es decir, mayores serán los precios, dada una cantidad igual de dinero.

Esta relación entre la cantidad de circulante y el nivel general de precios puede modificarse permanentemente por diversas causas; primero, por cambios en la población y riqueza, que varíen el ingreso total; segundo, por el desarrollo de las entidades de crédito, que suplen el dinero con otros medios de pago, y tercero, por los cambios en los procedimientos de transporte, de producción y de los negocios en general, que afectan el número de manos por las cuales van pasando las mercancías en su proceso de fabricación y venta, y puede ser modificada temporalmente por las fluctuaciones de la actividad y de la confianza comercial en general. (6)

   Sin duda alguna, el valor total del dinero necesario para la vida comercial inglesa es relativamente pequeño. Las clases medias y altas de la sociedad liquidan la mayor parte de sus pagos importantes por medio de cheques, y sólo una pequeña parte de éstos se hacen efectivos, ya que su mayor parte se liquidan meramente transfiriendo de una a otra cuenta bancaria el derecho a reclamar una determinada cantidad de dinero.

Como ya se ha indicado, los metales preciosos (ya sea en forma de barras o de monedas acuñadas) suelen atesorarse con objeto de prevenirse contra necesidades futuras, conocidas o desconocidas. No otra es la práctica que aún prevalece entre los campesinos de todas las partes del mundo. Pero en los países occidentales, incluso los campesinos, si son gente acomodada, se sienten inclinados a invertir la mayor parte de sus ahorros en valores de bolsa, oficiales o bien acreditados, o a confiar su administración a un banco; y, especialmente en los pueblos anglosajones, la mayor parte de la moneda que los particulares guardan se utiliza como previsión para alguna oportunidad en que pueda ser usada como poder adquisitivo directo en un futuro no muy lejano.

4) Influencias que ejercen las ocupaciones y los temperamentos sobre la cantidad de dinero que las personas con ingresos semejantes suelen guardar como disponibilidad inmediata

La imprevisión de una persona sujeta a un salario semanal puede originar que las monedas de oro o de plata que lleguen a su poder circulen, en general, más rápidamente cuando salgan de su posesión; pero como, a menos de que se trate de una persona excepcionalmente irresponsable, conserva por lo menos un chelín hasta el final de la semana, no gasta probablemente sus monedas de cobre más rápidamente que las demás personas. De igual manera, la imprevisión de quien recibe sus ingresos por trimestre puede producir una elevación de la rapidez media de circulación de las monedas de oro que llegan a su poder, pero como sería muy raro que no conserve por lo menos una libra esterlina, no afectará directamente la rapidez con que las monedas de plata y de cobre entren y salgan de su poder.

Los comerciantes importantes conservan relativamente poco dinero en su poder en los países modernos, en los cuales casi todos los pagos importantes se realizan por medio de cheques. Pero cuando no existen instrumentos de crédito auxiliares del dinero, cada comerciante depende del acervo de poder adquisitivo que conserve en forma monetaria, con objeto de aprovechar las buenas oportunidades que se le presenten. Por instinto, y por experiencia, calcula las ventajas y desventajas de tener grandes existencias en efectivo; sabe que si conserva muy poco poder adquisitivo a su disposición pasará apuros con frecuencia, y que si guarda una cantidad excesiva disminuirá las fuentes materiales de sus ingresos y, además, que encontrará sólo muy pocas ocasiones en que emplear la totalidad de su poder adquisitivo disponible para conseguir un verdadero beneficio.

Resumiendo: la norma conveniente para una persona puede no ser buena para otra en condiciones semejantes; pero, como dijo Petty, "las personas más prósperas conservan poco. . . dinero en su poder, más bien lo gastan y emplean en adquirir productos diversos de los que obtienen gran provecho". (7)

5) Aunque el poder adquisitivo de una unidad monetaria varía, a igualdad de otros factores, inversamente al número de unidades, una emisión creciente de moneda papel no convertible puede rebajar aún más su crédito y, por tanto, disminuir la cantidad de poder adquisitivo disponible que los particulares deseen conservar. Es decir, puede rebajar el valor de cada unidad en proporción mayor al aumento de su número.

Hasta ahora no hemos tenido en cuenta la influencia que el prestigio de una moneda ejerce en el deseo de la población respectiva de conservar una parte de sus recursos, directamente en metálico en su bolsillo o en un banco o, indirectamente, en forma de valores o títulos cotizables en bolsa que producen una renta fija expresada en dinero.

Pero esta influencia puede ser muy importante, si está en peligro el crédito de la moneda. De hecho, todo aumento desproporcionado en el volumen de moneda inconvertible tiende fácilmente a rebajar el valor de cada unidad en proporción superior a dicho aumento: porque rebajará el crédito de la moneda y porque inducirá a todos a conservar en tal forma una cantidad de sus recursos menor a la que de otra manera conservarían. Conforme se aumenta el circulante, cada unidad representará, por consiguiente, una parte inferior de esta misma parte más reducida de sus recursos, y su valor sufrirá así una doble reducción. El valor total de la moneda papel inconvertible no podrá, por consiguiente, incrementarse por un aumento de su cantidad: todo aumento de su cantidad, que pueda juzgarse se repita, rebajará el valor de cada unidad en proporción superior a dicho aumento.

Esta noción de que la cantidad de poder adquisitivo disponible que necesita la población de un país en un tiempo dado es una cantidad fija está implícita, aun cuando no se manifieste de manera explícita, en la doctrina ahora tan extendida de que el valor de una unidad monetaria varía, a igualdad de otros factores, inversamente al número de unidades y a su velocidad media de circulación.

Esta "doctrina cuantitativa" contribuye eficazmente al estudio del problema sólo hasta cierto punto, pues no indica cuales son los "demás factores" que se presume que permanecen iguales para poder justificar la proposición, y no explica cuáles son las causas que rigen la "velocidad de circulación".

Se trata, casi, de una perogrullada, porque si en una columna de un libro de contabilidad se registran cuidadosamente todas las transacciones en dinero de un año, con sus valores, y en otra se especifica el número de unidades monetarias empleadas en cada transacción, las sumas de ambas columnas serán idénticas. La segunda columna representaría, desde luego, el valor total del número total de cambios de propiedad de todas las unidades monetarias, y esto es lo mismo, en otras palabras, que el valor total del dinero multiplicado por el promedio de los cambios de propiedad de cada unidad, dejando aparte los debidos a donaciones, robos, etc.

Los demás factores, que se presume que permanecen iguales para los fines de la exposición, incluyen: a) la población; b) el volumen de operaciones verificadas por habitante; c), el por ciento de dichas operaciones que se verifica directamente en dinero; y d), la eficiencia (o velocidad media de circulación) del dinero. Sólo si se cumplen estas condiciones puede comprobarse la validez de la doctrina, y, si se cumplen, la doctrina es casi una perogrullada.

6) El dinero se diferencia de otras cosas en que un aumento en su cantidad no ejerce influencia directa en la suma de servicios que proporciona. Moneda papel inconvertible.

El carácter excepcional de esta doctrina "cuantitativa" del valor del dinero ha sido descrito de muchas maneras distintas. Pero el hecho central en la exposición que ahora realizamos es que 1m aumento en la cantidad de dinero de mI país no aumenta los servicios totales que proporciona. Esta declaración no es incompatible con el hecho de que un aumento de la cantidad de oro en el sistema monetario de un país aumenta su capacidad para obtener productos exportando oro, y le proporciona también la ventaja de poder convertir parte de su dinero en artículos de lujo y ornamento. Significa meramente que la finalidad de una moneda es, ante todo, facilitar las operaciones comerciales, y, para cumplir esta finalidad, necesita estar definida con toda claridad y ser aceptada por la generalidad de las gentes. A continuación, necesita representar un poder adquisitivo estable; pudiendo ser lograda tal estabilidad por una moneda papel in convertible en tanto que el gobierno, primero, pueda evitar que circulen billetes falsificados, y, segundo, pueda llevar al convencimiento de las gentes de manera absoluta que no se emitirán billetes en número excesivo. Las monedas de oro tal vez se consideren como verdadero dinero en la creencia de que la naturaleza no permitirá un aumento violento de la suma de dinero extraída de su seno. Si se descubriera (en contra de la opinión de geólogos y mineralogistas de que tal cosa es físicamente imposible) una mina de oro que contuviera un volumen de este metal tan vasto como el mineral que contiene una mina de carbón, las monedas de oro dejarían de prestar toda utilidad. (8)

Evidentemente, la estabilidad del valor de las monedas de oro se debe a veces a la estabilidad de la demanda de oro para fines ornamentales y para algunos usos industriales; pero el descubrimiento, si esto fuera posible, de un gran yacimiento de oro, produciría la gran dificultad de encontrar buenos usos para su empleo. Podríamos concebir un planeta cuya constitución fuera diferente de la del nuestro, en el cual una pequeña cantidad de mineral de hierro -por ejemplo, el necesario para fabricar una sierra- tuviera un valor en cambio superior al de medio kilo de oro. (9)

Si un gobierno fuerte regula una moneda inconvertible, el volumen de su _misión se determinará de tal suerte que el valor de cada una de sus utilidades se mantengan a un nivel fijo. Este debe ser tal que, primero, el nivel medio de precios permanezca inalterable según un sistema fidedigno de números índices; segundo, que este nivel medio se ajuste por sí mismo a los cambios generales en los precios en países cuyas monedas están ligadas efectivamente a los metales preciosos; o, tercero, que el gobierno del país en cuestión publique una lista cuidadosamente redactada de los precios generales dentro de su territorio respectivo, ajustando a los mismos el volumen de sus emisiones, es decir, por ejemplo, que un millar de unidades permita la adquisición, por término medio, de una suma uniforme de productos en general, a base de un plan como el sugerido en el capítulo III del libro I de esta obra.

Los billetes "convertibles" -esto es, billetes que puedan ser cambiados con toda certeza, al ser presentados, por oro u otro metal autorizado- ejercen aproximadamente la misma influencia en el nivel nacional de precios que el que ejercen las monedas acuñadas legalmente de valor nominal idéntico. Evidentemente, si surge la más pequeña duda acerca de su convertibilidad absoluta en moneda acuñada legal, cundirá la desconfianza respecto a los mismos, y si llegan a no ser totalmente convertibles, su valor caerá por bajo de la cantidad de oro (o plata) que nominalmente dicen representar.

Debe tenerse en cuenta que este capítulo se refiere a la demanda de dinero sólo cuando las condiciones del crédito en general son normales. Cuando el crédito se conmueve, entonces es aconsejable adoptar medidas anormales, o, si' fuese posible decir, medicinales, en relación a la oferta de dinero. Algo se dice al respecto en relación con las fluctuaciones de crédito en el Libro IV de esta obra. 

NOTAS

 

(1) Este asunto se analiza con mayor detalle en la obra del autor Principios de Economía, Libro III, capítulo VI, así como en las notas del apéndice matemático y en el apéndice C de la misma obra.

(2) Así Petty, en su Taxes and Contributions (1667), consideraba cómo los títulos de propiedad de las tierras, bajo un buen sistema de registro público, y los "certificados expedidos por los depositarios de metales, tejidos, lienzos, cueros y otros productos de primera necesidad", en unión de los "créditos lombardos" y de los bancos de depósito, hacían que "fuese necesario menos dinero para las atenciones del comercio". Quería decir, sin duda, menos cantidad de dinero de poder adquisitivo igual al anterior y la misma cantidad de dinero de un poder adquisitivo inferior. Locke hizo un interesante estudio sobre este asunto, de! que se ocupó también el genio irresponsable y desequilibrado, pero fascinante, de John Law Harris y el agudo, pero menos conocido, CantilIon, en unión de otros, prepararon el camino a Hume y a Adam Smith.

(3) Ricardo es la figura principal entre ellos, y su gran prestigio ha dejado en la sombra la obra de los demás. El profesor Hollander (Quartely Journal of Economics, 1911) ha demostrado cómo casi todas las panes de la doctrina de Ricardo fueron anticipadas por uno u otro de sus predecesores, pero su genio magistral, como ocurre con Adam Smith, le llevó a realizar la superior tarea de construir, con un número de verdades fragmentarias, una doctrina coherente. Y esta doctrina constituye una fuerza constructiva precisamente por ser un todo orgánico.

(4) El profesor Lexis, en el artículo sobre el oro que publicó en Handwörterbuch der Staatswissenschaften, dice que cuatro quintos de la producción de oro entre 1801 y 1908 se obtuvieron durante los últimos sesenta años de dicho período.

(5) Es evidente que una persona particular que compra a base de crédito a largo plazo sin un motivo especial para ello paga más caro por sus compras, por una u otra razón, pues el comerciante trata de obtener una ganancia sobre su capital y los particulares raramente obtienen algo más que un pequeño tipo de interés para el suyo. No siempre beneficia a los comerciantes el llamar la atención sobre este hecho, en parte porque, cuando los clientes tardan mucho en liquidar, no están en posición de reclamar contra los fraudes que observan entre los géneros que se les sirve. El beneficio total que esto produce a los comerciantes, en unión del que les suponen las ventas al contado, varía con el importe del trabajo extraordinario de contabilidad, el riesgo de las malas deudas y otras circunstancias. En algunos casos, el obrero que sólo esté atrasado en sus pagos una semana se encuentra obligado a pagar un interés no menor de medio penique por chelín cada semana, esto es, un 200 % al año, teniendo en cuenta únicamente el interés simple.

(6) Esta exposición reproduce la contestación que di a las preguntas 11,759 a 11,761 formuladas por el Comité para el Estudio de la Situación Monetaria de la India en 1899. Una considerable parte de esta discusión sobre los problemas de moneda y crédito puede asimismo encontrarse en mis contestaciones a las preguntas 11,757 a 11,850 del cuestionario de dicho Comité y en mis contestaciones a las preguntas 9,623 a 10,014 y 10,121 a 10,126 del cuestionario formulado por la Comisión del Oro y de la Plata durante los años 1887 y 1888.

(7) Petty pensaba que el dinero "suficiente" para la nación era "aquél que se necesite para pagar las rentas de medio año de todas las propiedades rurales de Inglaterra, una cuarta parte del alquiler de las propiedades urbanas, los gastos de una semana de toda la población, y alrededor de una cuarta parte del valor de todas las mercancías exportadas". (Véase: preguntas 23 y 25 de Quantulumcunque, el capitulo IX de Political Arithmetic y el capítulo VI de Verbum Sapienti). Locke calculaba que "una cincuentava parte de los salarios, un cuarto de las rentas de los propietarios de tierras y una vigésima parte de los ingresos anuales de un corredor, en moneda disponible, puede ser bastante para mantener el comercio de cualquier país". Cantillon (1755), después de una larga y sutil exposición, deduce que el valor preciso es un noveno de la producción total del país, o, lo que él estima equivalente, un tercio de la renta de la tierra. Adam Smith, más próximo al escepticismo moderno, dice: "es imposible determinar la proporción", aun cuando "diversos autores la han calculado en un quinto, en un décimo, un vigésimo o una treintava parte del valor total de la producción anual".

(8) La complicada y cuidadosa impresión de los billetes de banco determina el que las buenas imitaciones sean muy caras y, por tanto, permite su fácil descubrimiento. La falsificación de los billetes del Banco de Inglaterra se evita, como es bien sabido, por procedimientos y medidas realmente excepcionales.

(9) Este ejemplo puede multiplicarse. Si los diamantes llegaran a ser abundantes, revolucionarían y ampliarían varios tipos de industrias para las cuales el acero no es bastante duro, pero en ese caso sería preciso utilizados con gran mesura para el adorno personal. Por otra parte, si una baja en el precio de la lana, o de cualquier otro producto realmente útil, determinara que se consumiese una mayor cantidad del mismo a un coste total inferior, produciría un aumento aproximadamente proporcional en la riqueza real del mundo; los ricos ganarían solo un poco, pero los pobres podrían tener un abrigo mucho más caliente.

Walras: Nota Biográfica

Escrito por evaristo-hernandez 10-06-2007 en General. Comentarios (1)

Esta nota biográfica contiene una valoración básica sobre el sistema de ecuaciones del equilibrio de Walras y una referencia a la inspiración teórica del principio de la escasez (rareté, en francés) que constituyó la base de la teoría del valor de los teoricos de la utilidad, como Walras.

 

 

LEON WALRAS (1834-1910)

 

http://www.geocities.com/alcaide_econoh/leon_walras.htm

 

El trabajo de Jevons y Menger sobre las teorías subjetivas del valor sobre la base de la utilidad marginal, en la década de 1870, converge con el de León Walras. En su obra Elementos de economía política pura, incluía un análisis del valor y de la utilidad marginal similar al de Jevons y Menger. Pero cuando Walras se formó estas ideas no conocía el trabajo de estos dos autores, ni tampoco el libro anterior de Gossen. Fue la influencia intelectual de su padre, Auguste Walras, lo que dio forma a su pensamiento, así como la de Cournot, condiscípulo de su padre,  con cuyo trabajo se familiarizó desde su juventud.

Igual que Cournot, Auguste Walras (1801-66) trabajó más bien como administrador de la educación que como economista profesional y sus escritos sobre economía encontraron sólo una débil respuesta en la economía académica de la Francia de su tiempo. Como había hecho Locke antes que él, basó tanto la propiedad como el valor económico en el mismo principio, representado en este caso, no por el trabajo como en los escritos de Locke, sino por la rareté o escasez de los bienes respecto de las necesidades humanas. Fue esta noción de Augustus, la que León transformó en la equivalente de la utilidad marginal. En cuanto a Cournot, Walras encontró en su trabajo una función de demanda y una curva de demanda, que habían sido introducidas por Cournot como datos empíricos, pero que eran ahora deducidas por Walras de la función de utilidad.

A diferencia de Menger, Walras fue tanto un teórico como un reformador social. En sus ideas reformistas, por las que trabajó diligentemente durante toda su vida, siguió también a su padre. Sus propuestas, que tienen cierta afinidad con las ideas relacionadas de Mill, Gossen, Henry George y con las de los primeros fabianos, pedían la nacionalización de la tierra por medio de la compra de ésta  a sus propietarios privados. En una sociedad progresiva, afirmaba, los valores de la tierra continuarán aumentando a velocidades crecientes y proporcionarán al estado unos ingresos mayores que aquellas cantidades cuyo valor capitalizado haya sido pagado como indemnización a sus anteriores propietarios. El estado, señalaba, podrá entonces renunciar a la tributación como fuente de ingresos y obtener, en su lugar, lo necesario para sus gastos, de la renta de la tierra nacionalizada. Como Walras, además de otras reformas, apoyaba también la idea de la cooperación, ha sido considerado en ocasiones como socialista, designación que sólo encaja para él en un sentido muy vago o incluso nada en absoluto, si lo que quiere darse a entender es una cierta afinidad entre su pensamiento y el de Marx.

Las aportaciones teóricas de Walras fueron más lejos que as de Jevons y Menger en el desarrollo de la idea del equiibrio económico general y en a expresión de éste en forma de un sistema de ecuaciones simultáneas. Esta parte de su trabajo fue la que había de constituir su principal consecución. El gran problema que intentó resolver fue el de relacionar los numerosos mercados de que se compone la economía. Cournot había avanzado bastante en el estudio de las posiciones de equilibrio particulares  de cada mercado, considerado por separado de los otros mercados; se había dado cuenta, sin embargo, de que su análisis era incompleto, ya que no consideraba la interdependencia entre los mercados existentes en la economía, ni la cuestión de la compatibilidad de sus posiciones de equilibrio particulares..

Cournot desesperaba de que pudiera resolverse el problema del equilibrio general, debido a que lo consideraba un problema econométrico,  que debía proporcionar valores numéricos para las cantidades y los precios desconocidos. El objeto de Walras no fue, sin embargo, la medición, sino la construcción de un sistema lógicamente coherente de validez teórica o formal, objetivo que le pareció posible conseguir, si bien bajo una serie de hipótesis restrictivas. Su sistema requería competencia perfecta, libertad de entrada, movilidad y flexibilidad de los precios. Los ingresos de las empresas debían ser exactamente iguales a sus costes y otro tanto debía ocurrir con los ingresos de los consumidores respecto a sus gastos en productos. En la primera aproximación de Walras no hay ahorro,  ni formación de capital, ni incertidumbre que induzca a los hombres a conservar el dinero. El sistema es cerrado y no está afectado por las transacciones con el extranjero ni por las operaciones de la contabilidad del gobierno. En el equilibrio, la igualdad de las cantidades demandadas y ofrecidas sanea todos los mercados y el exceso de la demanda, positivo en forma de déficit y negativo en forma de superávit, desaparece.

Para construir su sistema de ecuaciones, Walras empieza con la distinción básica entre mercados de productos y mercados de servicios productivos.. En los primeros, los consumidores demandan productos, que son suministrados por las empresas comerciales; e los mercados de servicios productivos, que son abastecidos por el trabajo, tierra y capital, los consumidores, que son también los propietarios de los recursos productivos, venden servicios productivos a las empresas comerciales y reciben a cambio el importe de dichas ventas, que constituye sus ingresos. Los consumidores son, por lo tanto, compradores en los mercados de productos y vendedores en los mercados de servicios productivos. Las empresas comerciales son compradoras en los segundos y vendedoras en los primeros (papel dual).

Las incógnitas del sistema son los precios y las cantidades de productos y de servicios productivos, así como también las cantidades de servicios productivos utilizados para la producción de cada producto, o "coeficientes técnicos" en el lenguaje de Walras. Si hay m productos, n servicios productivos, m precios de productos, n precios de servicios productivos y mn coeficientes técnicos, el número total de incógnitas será:

2m + 2n + mn

Walras reduce el número total de incógnitas en una unidad, quedando:

2m + 2n + mn - 1,

ya que uno de los productos sirve como numeráire  (numerario) producto en función del cual se miden todos los demás, es decir, como unidad de medida de valor en el sistema, unidad esta en la que se miden todos los otros precios y que tiene un precio igual a la unidad.

En general, las distintas incógnitas pueden ser determinadas y demostrarse su coexistencia, cuando el número de ecuaciones independientes que se tienen es igual al número de incógnitas, en este caso, el número de aquéllas es igual a m - 1 ecuaciones de demanda para los productos, m ecuaciones de coste, n ecuaciones de cantidad para los servicios productivos y mn ecuaciones de coeficientes técnicos, es decir, 

2m  + 2n + mn -1

ecuaciones en total.

En las ecuaciones de demanda, la cantidad demandada  de un producto depende del precio del producto y también de los precios de todos los otros productos y de los servicios productivos. Los precios de los servicios productivos afectan a los ingresos de los consumidores y, por ello, a la demanda de productos realizada por dichos consumidores; los precios de los otros productos -bienes sustitutivos y complementarios- ejercen también influencia sobre la demanda de un producto determinado, en grado variable y más o menos significativo. Las ecuaciones de demanda se deducen de las funciones de utilidad que están maximizadas para cuando un consumidor, los precios son proporcionales a las utilidades marginales. Se escriben primero para los consumidores individuales y después se suman para los m productos menos 1. La ecuación de demanda para un solo producto debe ser descartada porque no es una ecuación independiente, sino que simplemente proporciona información que puede ser obtenida sacando conclusiones a partir de la información  contenida en las demás ecuaciones. Es decir, si la demanda de todos los productos menos uno está determinada, otro tanto le ocurrirá a la demanda de ese uno con tal de que los ingresos de los consumidores  sean iguales a sus gastos en productos. A la luz de esta igualdad, que es conocida como ecuación de presupuesto,  está claro que lo que se gasta en ese producto es la diferencia existente entre los ingresos y lo que se gasta en todos los demás productos. La proposición general de la que se sigue, que, bajo ciertas condiciones -aquí la ecuación de presupuesto- el equilibrio  o la ausencia de exceso de demanda en m - 1 mercados implica también equilibrio o ausencia de exceso de demanda en el mercado restante, ha recibido el nombre de Ley de Walras. Esta ley arroja luz sobre la estructura de las relaciones cuantitativas, implicadas y explica, por ejemplo, por qué el número total de ecuaciones del sistema es m - 1, siendo la ecuación descartada la del precio del dinero.

El sistema de pensamiento de Walras puso orden en el caos y transformó la diversidad en unidad. A quienes podían y querían verlo, les demostró las posibilidades del análisis matemático. El coronamiento de su sistema fue el intento de Walras de demostrar que una economía perfectamente competitiva tiende a aproximarse a las posiciones de equilibrio y fue  con esta idea en su mente con  la que desarrolló su teoría de los tatonnements -"tanteos" o aproximaciones- que pueden explicar el movimiento progresivo del mercado hacia la posición de equilibrio. Esta teoría supone la fijación de un precio arbitrario, al cual los compradores y vendedores declaran las cantidades que están dispuestos a comprar y a vender. Si dicho precio no sanea el mercado, habrá que fijar otro distinto y seguir con este procedimiento hasta que se alcance el equilibrio.

Walras, después de pasar por diferentes empleos, por fin, en 1870, se le ofreció el puesto recientemente creado de profesor de economía política de la Academia de Lausana, posteriormente designada Universidad de Lausana. La importancia de su doctrina sólo fue reconocida al final de su vida.  Cournot, a quien Walras remitió su trabajo, expresó su reacción con las siguientes palabras: "mucho me temo que tus curvas de utilidad te leven sólo a un puro laissez faire , es decir, en la economía interior a una tierra despojada de sus bosques y en la economía internacional a la subyugación de los pueblos corrientes por uno privilegiado, siguiendo la teoría de Darwin".

En relación con el sistema walrasiano surgen problemas respecto a la existencia del equilibrio, a su estabilidad y al camino a lo largo del cual alcanzar dicho equilibrio. Walras intentó dar soluciones para todos ellos, quiso demostrar que el equilibrio existe, que el decrecimiento de la curva de demanda garantiza su estabilidad y que el equilibrio se alcanza con la ayuda de los tanteos. Estas cuestiones, que recibieron también el desafío de Alfred Marshall, fueron sacadas a relucir nuevamente en los años treinta y cuarenta, cuando Kaldor, Hicks y Samuelson abordaron todo este tipo de problemas.

El sistema walrasiano proporcionó el punto de partida para otra nueva aportación al análisis económico. Como se suponía que dicho sistema representaba a la economía clásica y neoclásica en el cenit de su desarrollo, recibió una especial atención por parte de los que argüían que en la economía política clásica y neoclásica existía una dicotomía o divorcio entre la teoría de los precios relativos, y la teoría del dinero y la del nivel de los precios, afirmando que en el sistema walrasiano el nivel de precios está indeterminado. Patinkin, el más destacado exponente  de este punto de vista, considera que el sistema walrasiano debía ser complementado por el efecto Pigou -o de saldo real- que hace que los individuos ajusten sus saldos monetarios para mantener una relación conveniente entre dichos saldos y los gastos realizados en mercancías. Un nivel de precios  que esté, por ejemplo, por debajo del equilibrio lleva consigo un valor real de los saldos monetarios lo suficientemente alto como para inducir  al individuo a cambiar dinero por mercancías, poniendo con ello en movimiento un alza del nivel de precios tendente  al  equilibrio. En ausencia del efecto del saldo real, afirma Patinkin, la ley de Walras aseguraría el equilibrio en el mercado de dinero, cualesquiera que fueran los márgenes de las mercancías en el equilibrio, es decir, el equilibrio, en dicho mercado, es compatible con cualquier nivel de precios, el cual es, de hecho, indeterminado.

Aunque la continua discusión de esas materias demostraría la pertinencia del pensamiento de Walras para la teoría pura, se puso en duda durante mucho tiempo su significación para la economía práctica, especialmente en relación con el examen de la política económica. Estas dudas tenían en parte su origen en la aguda distinción que había hecho él mismo Walras entra la economía pura y la economía aplicada y aparecían confirmadas por el carácter eminentemente macroeconómico de su sistema de equilibrio general. Algunas de las ecuaciones de este sistema deben ser agregadas, pero el sistema tiene de todas formas su punto de partida en las funciones de preferencia individual, las cuales parecen desafiar a la verificación estadística. Si se le compara con los grandes agregados que constituyen la clave de la economía keynesiana, la economía walrasiana parece incapaz de adquirir un contenido empírico y de llegar a ser operativa.

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